El 21 de marzo marca el inicio del otoño en el hemisferio sur, una estación que trae consigo cambios visibles en la naturaleza. Los árboles pierden sus hojas, creando un espectáculo cromático que pinta calles y parques con tonos dorados, rojizos y ocres. Sin embargo, esta magia estacional puede convertirse en un desafío práctico: el trabajo de recogerlas y mantener limpios patios, balcones y veredas. La clave está en el enfoque:
las hojas no son basura, sino un recurso natural valioso. Si se gestionan adecuadamente, se transforman en aliadas del suelo, las plantas y el clima.
¿Por qué las hojas no son basura?
Las hojas caídas son materia orgánica rica en nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio. Al descomponerse, actúan como un abono natural que mejora la fertilidad del suelo, reduce la necesidad de fertilizantes químicos y ayuda a retener humedad. Además, su acumulación en bosques y jardines protege el suelo de la erosión y sirve de refugio para insectos y microorganismos clave para los ecosistemas.
Te explicamos en esta nota por qué no debemos quemarlas, cuáles son sus múltiples beneficios y alternativas prácticas y sostenibles.
Posibles usos y beneficios
- Compostaje
- Cómo hacerlo: mezclá las hojas con otros residuos orgánicos (restos de frutas, cáscaras de huevo, etc) en una pila o compostera. Agregá tierra, papel o cartón para acelerar el proceso.
- Beneficios: En 3-6 meses, obtendrás un compost para enriquecer tu jardín o huerta.
- Mantillo
- Técnica: espolvoreá las hojas secas alrededor de plantas, árboles o camas de flores.
- Ventajas: Protege el suelo del calor, evita malezas y atrae lombrices, que lo airean.
- Alimento para animales
- Para pájaros: las hojas secas son un refugio y fuente de calor en invierno.
- Para conejos o tortugas: algunas especies las consumen como fibra.
- Arte y decoración
- Collages o mandalas: usá hojas secas para crear obras artísticas.
- Ramos o coronas: combinalas con flores secas o ramas para decorar espacios.
- Proyectos comunitarios
- Jardines urbanos: doná las hojas a grupos que cultivan alimentos en espacios públicos.
- Limpieza colaborativa: organizá jornadas para recolectar hojas y transformarlas en compost.
¿Por qué es importante no tirarlas ni quemarlas?
Las plantas cumplen con la función de purificar nuestro ambiente dado que sus hojas retienen muchas sustancias tóxicas. Si quemamos las hojas secas, en el proceso de combustión, estas sustancias son liberadas nuevamente al ambiente y producen otras, como la dioxina o el furano, que son Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs) y muy peligrosos para la salud de las personas, principalmente para los niños. Es decir, al quemarlas no solo contaminamos el medio ambiente, sino también perjudicamos la salud de las personas. Al contaminarse el aire, el humo que respiramos es altamente tóxico, irrita el sistema respiratorio y la piel, y puede ocasionar daños severos para las personas con padecimientos pulmonares. Además, puede expandirse el fuego y generar incendios con pérdidas importantes.
Las hojas tampoco deben enviarse a rellenos sanitarios, ya que, al descomponerse sin oxígeno, generan metano, un gas de efecto invernadero. Además, su eliminación masiva contribuye a la pérdida de biodiversidad y reduce la capacidad del suelo para absorber carbono.
Un llamado a la acción
Y si pese a toda esta información decidís barrer y tirar las hojas, ¡no las quemes! Ponelas en una bolsa solas, sin otros residuos, para qué otras personas puedan darle el uso que detallamos anteriormente y así seguir su ciclo natural.
El otoño es una oportunidad para reconectar con la naturaleza y adoptar hábitos sostenibles. Al aprovechar las hojas, no solo cuidamos el medio ambiente, sino que también ahorramos dinero en fertilizantes y creamos espacios más resilientes al cambio climático. ¡Tomá nota!


