En un mundo que a menudo nos empuja a la velocidad máxima, donde el fast food y las soluciones rápidas dominan nuestras vidas, surge una filosofía que nos invita a frenar y reconectar con lo esencial: el slow foods. Más que una tendencia culinaria, es un movimiento global que celebra el placer de la comida, promoviendo un modelo alimentario que es bueno para nosotros, para quienes la producen y para el planeta.
¿Qué es slow food y por qué es tan relevante hoy?
El movimiento “Slow food” nació en Italia en 1986 como una respuesta directa a la proliferación de la comida rápida y la estandarización de los sabores. Su filosofía se basa en tres pilares interconectados: bueno, limpio y justo.
- Bueno: la comida debe ser sabrosa, nutritiva y placentera. Esto implica disfrutar de ingredientes frescos, de temporada, que expresan el terruño y la cultura local. Va más allá del mero acto de alimentarse, transformándose en una experiencia sensorial y cultural.
- Limpio: la producción de alimentos debe respetar el medio ambiente y la salud humana. Esto significa apostar por métodos agrícolas que eviten pesticidas y químicos dañinos, promuevan la biodiversidad y reduzcan el desperdicio. Se busca que la cadena alimentaria sea lo más natural y respetuosa posible con los ecosistemas.
- Justo: las condiciones para los productores deben ser equitativas. Esto implica asegurar un precio justo por su trabajo, respetar sus conocimientos tradicionales y garantizar prácticas laborales éticas. Se valora la mano de obra de los agricultores, pescadores y artesanos de la alimentación.
El impacto de slow food en nuestra salud
Adoptar el enfoque slow food es un paso significativo hacia una salud personal mejorada. Al priorizar ingredientes frescos y de temporada, reducimos la ingesta de ultraprocesados, azúcares añadidos, grasas trans y conservantes artificiales, que están asociados a enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares.
Cocinar en casa y comer con calma nos permite ser más conscientes de lo que ingerimos, disfrutar de la comida y escuchar las señales de saciedad de nuestro cuerpo. Esta plena atención puede mejorar la digestión, reducir el estrés relacionado con la alimentación y fomentar una relación más equilibrada y positiva con la comida. Además, la búsqueda de productos locales y variados enriquecerá nuestra dieta con una mayor diversidad de nutrientes y sabores.
Slow food como aliado indispensable del planeta
Aquí es donde el impacto del slow food se magnifica. La elección de alimentos que son “Limpios y Justos” tiene consecuencias directas y verificables en el cuidado del ambiente:
- Reducción de la huella de carbono: al consumir productos locales y de temporada, se disminuye drásticamente la necesidad de transportes a larga distancia y el uso de cámaras frigoríficas, lo que reduce las emisiones de gases de efecto invernadero. La elección de cercanía ayuda a mitigar este impacto.
- Fomento de la biodiversidad: el slow food promueve el consumo de variedades de plantas y razas de animales locales y tradicionales, muchas de las cuales están en riesgo de desaparecer debido a la agricultura industrial y monótona. Al apoyar estas variedades, contribuimos a mantener la riqueza genética de nuestros ecosistemas, esencial para la resiliencia climática y la seguridad alimentaria futura.
- Prácticas agrícolas sostenibles: se apoya a productores que utilizan métodos agrícolas orgánicos, regenerativos o de bajo impacto, que cuidan la salud del suelo, preservan los recursos hídricos y evitan la contaminación por químicos. Esto mejora la salud de los ecosistemas y la capacidad del suelo para capturar carbono.
- Disminución del desperdicio de alimentos: al fomentar una relación más consciente con la comida y promover el uso integral de los ingredientes, el movimiento contribuye a reducir el enorme volumen de alimentos que se desperdician anualmente, un problema global con graves implicaciones ambientales y económicas.
Nuestro Compromiso desde Exing
En Exing, creemos que el bienestar integral abarca tanto nuestra salud individual como la del planeta que habitamos. Alentamos a nuestros colaboradores y comunidad a explorar y adoptar los principios del “Slow Food” en sus vidas. Entendemos que cada elección, por pequeña que sea, tiene un eco y un impacto.
Invitamos a todos a dar el primer paso: quizás sea elegir un producto de estación en el mercado local, cocinar más en casa con ingredientes frescos, o simplemente tomarse un momento para disfrutar plenamente de una comida, sin prisas. No se trata de un cambio radical de un día para otro, sino de un camino gradual hacia hábitos más conscientes y sostenibles.
Desde Exing, nos comprometemos a seguir integrando la sustentabilidad en nuestras operaciones y a inspirar a otros a hacer lo mismo. Juntos, podemos construir un futuro donde la buena comida y un planeta sano vayan de la mano.


